Todas las islas del Caribe son una atracción turística debido a sus condiciones climáticas y sus maravillosas playas, pero la pequeña isla de San Martín dispone de un aliciente extra para ser visitada todos los años por miles de turistas. La isla quedó dividida en 1648 en dos partes, una francesa y otra holandesa y todavía hoy existe una línia que separa ambos territorios. Cada parte dispone de su propia lengua, sus propias aficiones y sus propios aeropuertos.
El Gran-Case por parte francesa y el Aeropuerto Internacional de Princesa Juliana por parte holandesa son los aeropuertos de esta pequeña isla, este último es especialmente relevante puesto que debido a su situación los aviones vuelan a escasos 25 metros de la playa tanto en el aterizaje como en el despegue, algo que ha supuesto una gran atracción a los aficionados a la aviación y a todos los turistas de la isla en general que pueden ver como un espectacular boeing 747 pasa rozando sus cabezas.
En la misma playa puede verse un cartel de alerta que advierte a los turistas del peligro que supone ponerse debajo de uno de estos aviones pudiendo causar daños críticos e incluso la muerte.
Con este calor lo que más le apetece a uno es darse un buen baño refrescante, pero todo tiene sus inconvenientes. Veamos lo que para mí, es lo peor del verano.
Prestar atención a la primera imágen:
Ésto es lo que debería pasarnos por la cabeza al pensar en un día de verano. Un día de vacaciones sin ningún tipo de preocupación más que la de llevar el protector solar adecuado. Un día de playa en condiciones disfrutando de la brisa del mar acompañando la olas hasta la orilla, de la calida arena dorada que se amolda lentamente a tu cuerpo, del agua cristalina que bañana tus pies al pasear.
Ahora fijaros en la siguiente imágen:
La diferencia es evidente ¿no? Por si alguien no lo ha notado, la playa de la primera fotógrafia corresponde a la costa caribeña y la fotografía inferior bien podría reflejar cualquiera de las playas que bañan el litoral de la península. ¿Qué cambia? Mientras que unas gozan de quilómetros prácticamente vírgenes, las otras restan abarrotadas por miles de acalorados visitantes. Mientras unas tienen una arena impecable las otras disfrutan de desagradables tropezones (colillas, papeles y otro tipo de restos). Mientras unas disfrutan de un agua cristalina las otras muestran una mar turbia y apagada, pero al fin y al cabo, ambas son playas.
Todos preferiríamos gozar de unas agradables vacaciones en el escenario mostrado en la primera fotografía, pero esta claro que se trata de un paraíso al alcance de bien pocos, por ello propongo algunas soluciones para disfrutar de la playa sin encontrarse en un verdadero vertedero.
1. Busca las playas con bandera azul. Dentro de lo que cabe, se trata de las playas más limpias y cuidadas de todo el litoral.
2. Intenta acceder a las calas menos habituales. Infórmate sobre las playas o pequeñas calas de difícil acceso que te asegurarán un poco más de intimidad (nota: estas playas suelen ser de arena gorda o rocosas de manera que si lo que queréis es estar estirados en la arena esta opción no os conviene).
3. Si ninguna de las opciones anteriores os convence. Llevaros una colchoneta e ir mar adentro lo más lejos posible de la abarrotada playa.